El aplauso

En esta época tan difícil que nos ha tocado vivir, todos nos podemos convertir en HÉROES y HEROÍNAS ante el coronavirus.

Héroes con bata blanca o pijama clínico, pero también héroes con uniforme del supermercado, o héroes que conducen un autobús urbano…

Las noticias se centran, como es lógico en el personal sanitario que trabaja en los hospitales, y es perfectamente comprensible, pero lo que resulta indignante es que cuando se habla del coronavirus en las residencias para mayores siempre se hace con un trasfondo de carencias del servicio de atención a los mayores.

Los trabajadores de las residencias también son héroes. Y yo quiero aplaudirles. Siempre. Y ahora más que nunca.

En nuestro centro el desempeño de los trabajadores es ímprobo. Espectacular. Pese a esta situación tan complicada, tras las mascarillas siempre guardan una sonrisa.

Esta sonrisa no se ve, pero podemos percibirla en el brillo de los ojos y en las arruguillas que salen cuando lo hacen. Bromean de si se pintan los labios a pesar de que no se vean, y de ahí lo normalizamos ante los mayores, que ya lo han interiorizado en la rutina habitual.

Manteniendo una energía increíble pese a las adversidades, miedos e incertidumbres que todos sentimos en más de una ocasión. Porque somos humanos. Porque después de la jornada laboral todos tienen familias. Los trabajadores vuelven cada día a una casa en la que tienen padres, parejas, hijos…

Muchos de ellos lloran porque no pueden abrazar a sus niños. Porque no pueden besar a su gente. Porque no pueden permitirse enfermar. Porque extreman todas las medidas para proteger a los mayores.

Tengo que agradecerles la responsabilidad que demuestran cara a nuestros mayores, el grado de compromiso que tienen para mantenerse al pie del cañón y protegerles a ellos.

Me consta que toda la plantilla de La Pinarilla está volcada en garantizar nuestra burbuja de salud de la resi. Y eso no está remunerado. Porque todos estamos remando hacia la misma meta, aportando todo lo que está en nuestras manos, y que como les dije el otro día, no somos un equipo, somos una familia.

Siempre, en equipo.

Todos a una y siempre dispuestos a dar respuesta a todo lo que vaya surgiendo, a doblar turnos si hace falta e incluso a no disfrutar de su día de descanso…

Se están extremando los niveles de limpieza, de acompañamiento, de control sanitario…

Se están diseñando programas de actividades para que los mayores puedan olvidarse en algún momento de todo lo que sale en las noticias. Estamos poniendo muchas veces a disposición de las familias nuestros teléfonos personales para que se puedan ver con el mayor, haciendo acercamientos por vía telemática tratando de destruir los muros que nos separan. Estamos confinados, no aislados.

Pero no dejamos de estar expuestos.  Y si tuviésemos que dejar a gente en cuarentena, tendríamos que hacerlo ante la aparición de algún síntoma porque no hay controles para nuestro personal. Para los jugadores de fútbol seguro que sí, pero para profesionales sanitarios, los trabajadores, no hay prueba.

Otros pueden quedarse en su casa y teletrabajar, pero el sanitario no puede hacerlo.

Aplaudo a los trabajadores de los hospitales, pero también aplaudo bien fuerte a los que están atendiendo a los más vulnerables como lo estamos haciendo.

Por toda vuestra energía y el buen humor, por la creatividad que estáis sacando, por la unión, por vuestros cuidados amorosos, por sacar vuestra mejor versión.

En esta batalla ganará el amor.

Y tú, quédate en casa.

Gracias compañeros.